No hay día
que no nos levantemos con un nuevo sobresalto. Abrir las redes sociales, los
periódicos, enchufar la tele, la radio, y la inmensa mayoría de las noticias
que vemos o escuchamos, están relacionadas, desgraciadamente, con la
corrupción. Una vergüenza y un drama para nuestro país que afronta esta lacra, con la notable indignación ciudadana de una manera que a veces, confunde
por una intransigencia, yo diría que bastante endeble.
La política
está tocada en todos los partidos, incluso en los nuevos y emergentes, aunque
en menor medida dado su escaso recorrido aún.
Sin embargo ya son sonados casos de nepotismo flagrante y financiaciones
más que dudosas. En los de siempre, afloran casos y casos que deberían ser
afrontados con la mayor de las contundencias. Los de unos y los de otros. Utilizarlos como ariete contra los contrarios es una nefasta estrategia que abunda en la creencia mayoritaria de que no se actúa con la necesaria firmeza.
Banqueros y
ex banqueros, sindicatos con nombres de pureza, sindicalistas de toda la vida,
actores, directores de cine, futbolistas, cantantes, familiares reales…todo un elenco que
alcanza a casi todos, menos a los que no tienen para na de na de na…ahí no
llegan los papeles de Panamá.
Urge aplicar
la justicia con contundencia, pero también urge la adopción de medidas que
aparte de los partidos y de las instituciones a las personas implicadas en
casos de corrupción.
Urge que la
gente exija que se adopten medidas severas y que se apliquen sin medias tintas.
Y urge un pacto nacional contra la corrupción. No solo está en juego el buen
nombre de las instituciones, sino la confianza de los ciudadanos en ellas y
sobre todo, está el buen nombre de España que no merece que se la hiera, con la
miseria de tantos desalmados.






