Por fin Francia aprueba medidas sancionadoras contra el
ejercicio de la prostitución. Medidas que pueden llegar a alcanzar sanciones de
hasta más de 3.500 euros en el caso de los reincidentes.
Una medida legislativa valiente y realmente avanzada que
pone en jaque un negocio millonario que atenta contra la dignidad
de las mujeres.
Muchas son las opiniones al respecto, y es verdad que
debería cundir el ejemplo por el resto de países que se consideran respetuosos
con los Derechos Humanos. Otros ya han adoptado medidas similares. Pero aún no son suficientes.
Pero no valen las hipocresías de los sepulcros blanqueados,
no vale mirar a otro lado y tratar de justificar lo injustificable en aras a
criterios de libertades más que dudosas.
En el siglo XXI es patético y dolorosos ver como mafias y
gentes sin escrúpulos se aprovechan de la miseria, la pobreza y la trata de
mujeres para enriquecerse miserablemente.
Medidas valientes y verdaderamente progresistas y avanzadas
son las que plantan cara a un problema tan grave y lamentable como es el de la
prostitución. Medidas de tipo social, ayudas y cursos, son esenciales para coadyuvar con las víctimas y sus posibilidades de reinserción social y laboral.
