La ley
contra el maltrato animal se ha endurecido notablemente con la reforma del
Código Penal y es ahora más fácil llevar a los maltratadores a los tribunales
de justicia, pero existen 17 normativas diferentes en el territorio español y
los ayuntamientos tienen sus propios reglamentos.
Desigualdades
que enfrentan el problema con sanciones dispares y al final difícilmente nadie
cumple pena de cárcel cuando se les condena.
La
concienciación sobre este problema es aún insuficiente en un país que no se
destaca precisamente por su amor a los animales.
El maltrato
a los animales a veces es noticia en los medios de comunicación. Cuando el
ensañamiento causa estupor y la noticia adquiere tientes de un horror que escandaliza
a cualquier persona con un mínimo de sensibilidad.
Todos
sabemos lo que sucede con los galgos o perros “sobrantes” de muchos cazadores,
escuchamos o vemos en la televisión o en los periódicos las torturas a los que
someten a perros y gatos sin causa ninguna que lo justifique. Nunca nada así
puede tener explicación ni justificación. A veces aparecen cebos envenenados,
salchichas con clavos en el interior. Perros que pasan su vida atados a una cuerda
y otros que son infra alimentados y
golpeados a capricho de sus crueles amos.
Existen
personas que regalan perritos o gatitos a sus hijos y a la primera de cambio
los abandonan en un campo o en la gasolinera de turno.
Un panorama
que incide en una gran incultura que se erige en un clamor, para que la gente
tome conciencia de lo que supone amar a un ser vivo, que no ha nacido para ser
torturado o maltratado.
La educación
es siempre el mejor catalizador para evitar conductas tan detestables como
estas. Pero también ha de serlo las campañas informativas y por supuesto las
medidas sancionadoras. Cuando la cultura no interioriza en las conductas
salvajes, la justicia tiene que hacer su papel y castigar con todo el peso de
la ley a todos aquellos que infrinjan maltrato a los animales. Y siendo
insuficiente aún la legislación en esta materia, cierto es que hemos avanzado
notablemente en los últimos tiempos.
Pero queda
mucho por hacer. Por denunciar y por exigir que se endurezcan más aún las penas
contra estos desalmados, crueles y detestables individuos.
Aprender de
tu perro es una experiencia de amor. Ese que te da todo a cambio de nada, que
te espera porque no sabe hacer otra cosa cuando te vas, ese que jamás te
abandonaría y que cuando te mira te envuelve en un amor infinito que merece, al
menos, ser recompensado con respeto.






