El blog de Elena Bonet

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lunes, 18 de abril de 2016

Contra el maltrato animal









La ley contra el maltrato animal se ha endurecido notablemente con la reforma del Código Penal y es ahora más fácil llevar a los maltratadores a los tribunales de justicia, pero existen 17 normativas diferentes en el territorio español y los ayuntamientos tienen sus propios reglamentos.
Desigualdades que enfrentan el problema con sanciones dispares y al final difícilmente nadie cumple pena de cárcel cuando se les condena.


La concienciación sobre este problema es aún insuficiente en un país que no se destaca precisamente por su amor a los animales.
El maltrato a los animales a veces es noticia en los medios de comunicación. Cuando el ensañamiento causa estupor y la noticia adquiere tientes de un horror que escandaliza a cualquier persona con un mínimo de sensibilidad.


Todos sabemos lo que sucede con los galgos o perros “sobrantes” de muchos cazadores, escuchamos o vemos en la televisión o en los periódicos las torturas a los que someten a perros y gatos sin causa ninguna que lo justifique. Nunca nada así puede tener explicación ni justificación. A veces aparecen cebos envenenados, salchichas con clavos en el interior. Perros que pasan su vida atados a una cuerda y otros  que son infra alimentados y golpeados a capricho de sus crueles amos.

Existen personas que regalan perritos o gatitos a sus hijos y a la primera de cambio los abandonan en un campo o en la gasolinera de turno.
Un panorama que incide en una gran incultura que se erige en un clamor, para que la gente tome conciencia de lo que supone amar a un ser vivo, que no ha nacido para ser torturado o maltratado.

La educación es siempre el mejor catalizador para evitar conductas tan detestables como estas. Pero también ha de serlo las campañas informativas y por supuesto las medidas sancionadoras. Cuando la cultura no interioriza en las conductas salvajes, la justicia tiene que hacer su papel y castigar con todo el peso de la ley a todos aquellos que infrinjan maltrato a los animales. Y siendo insuficiente aún la legislación en esta materia, cierto es que hemos avanzado notablemente en los últimos tiempos.



Pero queda mucho por hacer. Por denunciar y por exigir que se endurezcan más aún las penas contra estos desalmados, crueles y detestables individuos.
Aprender de tu perro es una experiencia de amor. Ese que te da todo a cambio de nada, que te espera porque no sabe hacer otra cosa cuando te vas, ese que jamás te abandonaría y que cuando te mira te envuelve en un amor infinito que merece, al menos, ser recompensado con respeto.