
Retomo hoy, domingo otoñal, los camino de mi blog con la sana intención de compartir con aquellos que pueda interesar, unas reflexiones que, con carácter más personal que político, me gustaría hacer llegar a quien sea.
No es la búsqueda de una humilde notoriedad, es ese deseo, que siempre tuve, de afinidad con la escritura, más o menos congraciada con la íntima satisfacción de releer aquello que había reflejado en un papel y que me gustaba, más o menos.
Ahora vuelvo a este tajo virtual con un pensamiento que me produce una inquietud y desasosiego, fruto de los dos hijos que, junto con otros millones de hijos de otras madres y padres, buscan ese derecho tan fundamental y básico cual es sencillamente, la obtención de un empleo para poder mirar al futuro con una esperanza tan vital, como es la normal supervivencia.
Cuando escucho hablar de la "generación perdida" se me ponen los pelos como escárpias. Es algo tan tenebroso y a la vez tan terriblemente injusto, que nada parece que pueda ser peor en los momentos que hoy vivimos a tenor de la crisis que nos machaca y nos aniquila.
Pues sí, nada peor. Aquí el que más y el que menos vamos sobrellevando las circnstancias que nos ahogan día a día. Sin embargo son ya más de un millón de personas las que en sus familias no obtienen ningún tipo de ingreso. Sobrevientes gracias a la caridad, ahora solidaridad de algunas instituciones, y la ayuda inconmensurable de otrás tales como Cáritas.
Insisto, nada peor que la desesperanza. Mirar hacia adelante y sentir la impotencia de que no ya nosotros, los más mayores, sino nuestros hijos...que no podrán en muchísismos casos encontrar un trabajo digno que les permita llevar una vida normal. Casarse, tener hijos, ahorrar para una vivienda...lo que todos anhelamos. Hacer nuestro recorrido vital, sencillamente como seres humanos y ciudadanos de un Estado de Derecho.
Ni que decir de la juventud extraordinariamente preaprada que hoy engrosa de manera alarmante las listas del desempleo. Hombres y mujeres universitarios, con idiomas, masters etc y con las vistas puestas en el extranjero, para poder comenzar una vida profesional que les permita tener opciones de futuro. Un capital humano que al Estado le ha costado mucho dinero formar y que empieza a convertirse en un verdadero éxodo de cerebros perdidos para nuestras expectativas de crecimiento y desarrollo. Porque algún día comenzaremos a salir de este marasmo...y entoces puede que ya sea tarde.
En nuestro país tenemos dentro de unos días la oportunidad de cambiar esta situación. Pero que nadie se engañe. No va a ser nada fácil. Va a requerir del esfuerzo de todos. No existe la varita mágica. Pero si la confianza de la seriedad de otras políticas que permitan establecer nuevos mimbres donde asentar nuevas expectativas para un mejor porvenir.
No nos merecemos una generación perdida. No podemos permitir que nuestros jóvenes no tengan futuro. Ahora o nunca. Porque el tiempo ya juega en contra de todos y cada uno de ellos. Y de nosotros también.
No es la búsqueda de una humilde notoriedad, es ese deseo, que siempre tuve, de afinidad con la escritura, más o menos congraciada con la íntima satisfacción de releer aquello que había reflejado en un papel y que me gustaba, más o menos.
Ahora vuelvo a este tajo virtual con un pensamiento que me produce una inquietud y desasosiego, fruto de los dos hijos que, junto con otros millones de hijos de otras madres y padres, buscan ese derecho tan fundamental y básico cual es sencillamente, la obtención de un empleo para poder mirar al futuro con una esperanza tan vital, como es la normal supervivencia.
Cuando escucho hablar de la "generación perdida" se me ponen los pelos como escárpias. Es algo tan tenebroso y a la vez tan terriblemente injusto, que nada parece que pueda ser peor en los momentos que hoy vivimos a tenor de la crisis que nos machaca y nos aniquila.
Pues sí, nada peor. Aquí el que más y el que menos vamos sobrellevando las circnstancias que nos ahogan día a día. Sin embargo son ya más de un millón de personas las que en sus familias no obtienen ningún tipo de ingreso. Sobrevientes gracias a la caridad, ahora solidaridad de algunas instituciones, y la ayuda inconmensurable de otrás tales como Cáritas.
Insisto, nada peor que la desesperanza. Mirar hacia adelante y sentir la impotencia de que no ya nosotros, los más mayores, sino nuestros hijos...que no podrán en muchísismos casos encontrar un trabajo digno que les permita llevar una vida normal. Casarse, tener hijos, ahorrar para una vivienda...lo que todos anhelamos. Hacer nuestro recorrido vital, sencillamente como seres humanos y ciudadanos de un Estado de Derecho.
Ni que decir de la juventud extraordinariamente preaprada que hoy engrosa de manera alarmante las listas del desempleo. Hombres y mujeres universitarios, con idiomas, masters etc y con las vistas puestas en el extranjero, para poder comenzar una vida profesional que les permita tener opciones de futuro. Un capital humano que al Estado le ha costado mucho dinero formar y que empieza a convertirse en un verdadero éxodo de cerebros perdidos para nuestras expectativas de crecimiento y desarrollo. Porque algún día comenzaremos a salir de este marasmo...y entoces puede que ya sea tarde.
En nuestro país tenemos dentro de unos días la oportunidad de cambiar esta situación. Pero que nadie se engañe. No va a ser nada fácil. Va a requerir del esfuerzo de todos. No existe la varita mágica. Pero si la confianza de la seriedad de otras políticas que permitan establecer nuevos mimbres donde asentar nuevas expectativas para un mejor porvenir.
No nos merecemos una generación perdida. No podemos permitir que nuestros jóvenes no tengan futuro. Ahora o nunca. Porque el tiempo ya juega en contra de todos y cada uno de ellos. Y de nosotros también.
La generación perdida, el tiempo perdido e irrecuperable, la vieja Europa agonizante y los Estado Unidos emergentes. Muy buena y visionaria percepción, hoy en día inevitable.
ResponderEliminarPara mayor abundamiento:
http://www.elmundo.es/papel/todologia/2017/01/11/5874d407268e3e6f3a8b45bc.html
http://www.xlsemanal.com/firmas/20170102/carmen-posadas-mediocres.html